Los efectos del Tai Chi y la postura en el cuerpo

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Los efectos del Tai Chi y la postura en el cuerpo

¿Qué es el Tai Chi y cómo afecta a nuestro cuerpo?

  El Tai Chi es un arte marcial de origen chino en el que se entrena tanto el cuerpo como la mente. Con la práctica de sus movimientos lentos se ejercitan todos los músculos, mejorando así la fuerza muscular, la elasticidad, y otras cualidades físicas, a la vez que entrena y mejora la coordinación, la concentración, el equilibrio, etc.

  La practica del Tai Chi ofrece a sus practicantes numerosos beneficios al crear un cambio en la postura, la respiración y el ritmo, lo que permite reorganizar el cerebro, la disminución del estrés, de la depresión y de la ansiedad; lo que se traduce en una mejor calidad de vida.

  Quien ha practicado o quien ha probado el Tai Chi sabe que funciona; ha sentido sus efectos: la relajación, el calor y el hormigueo en las manos, el sentir tu mente despejada… Pero tal vez, no sabe o no se ha preguntado por qué es así, cómo funciona. En este artículo vamos a hablar del fundamento científico que tienen y por qué ocurren las sensaciones que genera la práctica de los movimientos del Tai Chi.

  Para entender esto, vamos a empezar por el cerebro, concretamente con la relación que guardan los órganos (el intestino, el corazón, los pulmones y muchos más) con el cerebro. Gracias a la física teórica, neuróloga y doctora en medicina (neurociencia) Nazareth Castellanos, cuya investigación es la base de este artículo, sabemos que todo lo que pasa en el cuerpo, incluso dentro de nuestros órganos, influye en el cerebro. Además de los órganos, la investigación se centra también en la postura corporal, pues la postura influye en la cognición, en la atención, la memoria, en los sistemas de limpieza del organismo y en los estados de ánimo. Nazareth, que ha practicado con anterioridad Tai Chi y Chi Kung, busca entender los mecanismos neuronales dentro sus técnicas y, con ello, hacer comprender a la gente la importancia de cuidar tu cuerpo, tanto el exterior como el interior.

Experimentos relacionados

  ¿Conocen el famoso experimento de neurociencia llamado “La Tarea de Iowa”? Dicho experimento consiste en cuatro grupos de cartas sobre una mesa, de las cuales algunas cartas te hacen ganar y otras perder dinero. Sin embargo, no conocemos en cuál de los montones se gana o se pierde más. Como media, las personas para conocer el montón donde ganaban más dinero necesitaban una media de 80 cartas. Los investigadores, y entre ellos Antonio Damásio, un reconocido neurocientífico, querían saber que pasaba en sus cerebros y que pasaba en sus cuerpos. Lo que descubrieron es que, durante la selección de las primeras cartas, cuando la persona acercaba la mano al bloque donde podía perder dinero, su cuerpo emitía señales: se encorvaba, se le ponía la piel de gallina, había contracciones musculares… Pero cuando se acercaba al bloque ganador, su postura era más erguida; su cuerpo reaccionaba distinto. Con tan solo 10 cartas, el cuerpo ya sabía cuál era el bloque ganador.

  “El cuerpo sabe lo que la mente aún no se ha dado cuenta”     – Antonio Damásio

  Antes de que la mente haga algo, el cuerpo lo está preparando. Entonces, si somos conscientes de nuestro cuerpo, podemos saber lo que está preparando y anticiparnos a ello.

  En otra ocasión, utilizando un ordenador como punto de referencia para la postura, se hizo un estudio para determinar el número de palabras negativas y positivas que nuestro cerebro podía recordar. Si la posición era encorvada, con la cabeza hacia abajo y los hombros caídos, (tal vez esta postura nos suene de utilizar el móvil día a día) el número de palabras negativas era mayor. De lo contrario cuando la posición era erguida, el cerebro recordaba más palabras positivas que negativas.

  Otro experimento consistía en la actuación de los músculos faciales sobre el humor. Se simulaba si una persona tenía la cara sonriente o enfadada y con ello se puntuaban imágenes de chistes. A la gente que simulaba una sonrisa, le parecían más graciosas y valoraban mejor las imágenes. El cerebro interpreta el mundo según la información corporal que le damos.

  La postura no solo afecta a nuestro cerebro, sino que también afecta al sistema endocrino. Así se demostró poniendo a voluntarios en posturas de superioridad o sumisión, y midiendo el nivel de hormonas de cortisol y testosterona que las distintas personas tenían.

  Estudios recientes del Hospital de Harvard han demostrado que uno de los mayores predictores de la enfermedad del Alzheimer es la postura que tenemos al caminar, ya que esta influye en la postura. El hospital planteó que ésta influya también a la inversa y con ello se pueda prevenir la enfermedad, y por ello anima a la gente a mantener una buena postura corporal. Otro estudio demostró que la posición al dormir de lado ayuda al sistema linfático, que se encarga de la limpieza del cerebro y que está más activo al dormir. Esto significa que el cerebro conoce la posición que tenemos al dormir. Además, el que se produzca una mejor limpieza del cerebro también está relacionado con la prevención de la enfermedad de Alzheimer. 

Bases neuronales de la relación mente-cuerpo

  El cerebro agrupa tres percepciones distintas: exterocepción, con relación a la información del mundo exterior; interocepción, sensaciones del interior de nuestro organismo, y propiocepción, que incluye la posición del cuerpo, la dirección y el movimiento, las reacciones automáticas y todo lo relacionado con el movimiento y la posición del cuerpo.

  En este artículo nos vamos a centrar en las dos últimas percepciones. Recientemente se ha descubierto que la propiocepción influye en la atención, la memoria, el estado de ánimo, etc. Un entrenamiento y una mejora de la interocepción y la propiocepción mejorará el control de las emociones, favorecerá la anticipación de lo que nos dice nuestro cuerpo y la inteligencia emocional; mejorando así nuestra toma de decisiones y ayudando al desarrollo de la atención, la verbalización, la memoria, el diseño de estrategias, etc.

  La propiocepción se encuentra dentro de nuestro cerebro en un lugar llamado la ínsula, que se encarga de un gran número de funciones. Estas tienen que ver con el cuerpo, por lo que dependen de la postura. Entre estas funciones destacamos: la detección de errores, la toma de decisiones, las percepciones musical y rítmica, de la temperatura, del dolor y del tiempo, el sentido materno, el reconocimiento de voces felices, etc.

  Si cambiamos la postura corporal, cambian las funciones; si cambiamos una de las funciones, cambian el resto. Dentro de la neurociencia, no se puede cambiar un trozo únicamente, si se cambia la postura y con ello las funciones, se cambia la ínsula. Favorecer uno de ellos es favorecer a todos.

Tai Chi y Chi Kung

  La doctora Nazareth Castellanos comenzó a practicar Chi Kung por motivos personales, y a estudiar sus bases neurocientíficas. En Estados Unidos conoció al doctor Yi-Yuan Tang, un prestigioso neurocientífico, de origen chino y buen conocedor de la medicina tradicional china, además de un médico formado en Estados Unidos. Yi-Yuan Tang publicó un artículo en el que hablaba técnicas de regulación de la mente y las comparaba a cuando estas técnicas iban acompañadas de técnicas corporales.

  Los resultados al acompañar las técnicas de control de estrés y observación de los pensamientos con la percepción del cuerpo, eran mucho mejores. Y así empezó a defender la meditación en movimiento.

  Nazareth y Yi-Yuan Tang empezaron a trabajar juntos y encontraron que al realizar el ejercicio de Chi Kung cambia la actividad de la ínsula, cambiando así todas las funciones previamente mencionadas. Los estudios han demostrado que el Tai Chi y el Chi Kung sí aumentan la propiocepción, con todo lo que ello conlleva.

  Cuando se practica Tai Chi, la velocidad del movimiento es muy baja, y este movimiento lento hace que una gran cantidad de sensaciones surjan en las distintas partes del cuerpo. Esto ocurre porque el cerebro no procesa los movimientos muy rápidos. Sin embargo, destina muchos más recursos neuronales a los movimientos lentos. El movimiento lento y orientado aumenta la propiocepción. Al practicar de esta forma se empieza a sentir mucho calor en la zona en movimiento, ese calor es la cantidad de oxígeno que se está consumiendo y eso repercute directamente en la representación cerebral.

  Otro de los resultados de la universidad de San Diego es que después de hacer Tai Chi, aumentan las Ondas Alpha en el cerebro. Se dice que estas ondas producen un estado de relajación, pero no es así. Crean un estado de atención y de inhibición. Las Ondas Alpha aparecen cuando se da prioridad a algo relevante y se frena lo irrelevante. Entrenar las Ondas Alpha equivale a entrenar la capacidad atención y evitar las interferencias. Además, no son algo momentáneo, sino que las ondas persisten durante horas y, si además la práctica es continuada a lo largo del tiempo, el cerebro se acostumbra a tener más Alpha.

  En conclusión, la práctica del Tai Chi crea un cambio en la postura, la respiración y el ritmo, que reorganiza el cerebro, disminuyendo el estrés, la depresión y la ansiedad, nos ayuda a aumentar la calidad de vida.

Vídeo de referencia de Nazareth Castellanos:

 

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